¿De qué hablamos cuando lo hacemos de las cocinas que cansan? ¿Nos referimos a un cansancio físico o a uno de carácter visual? La verdad es que ambas opciones son correctas. Cuando decimos que una cocina cansa estamos pensando en aquella que genera tanto agotamiento estético como saturación corporal. Esta última en forma de dolor de espalda, pesadez en las piernas o frustración ante una mala iluminación; también ante la necesidad de subirse constantemente a una escalera para acceder a objetos de uso cotidiano o de tener que desplazarse cada vez que se abre una puerta.
El diseño de las cocinas necesita una gran dosis de racionalidad. No solo se trata de acudir al criterio estético, sino de tener en cuenta la ergonomía y la distribución de los espacios.
Estas son algunas razones por las que una cocina puede llegar a agotarnos y las soluciones clave para que esto no ocurra:
1. El error del mobiliario estandarizado
¿Se diseña una misma cocina para una persona que casi alcanza los dos metros que una que utilizará una familia de estatura media? La respuesta es que no debería. La altura estándar para una encimera, por ejemplo, es normalmente de 90 cm, si nos ceñimos a esta medida, obligamos a las personas más altas a encorvarse constantemente o a mantener una postura muy incómoda durante la tarea de cocinado.
Al igual que las alturas, otras medidas deben adaptarse a la fisonomía del usuario en función de la tarea a realizar.

Una regla ergonómica es que la encimera debería quedar entre 10 y 15 cm por debajo del codo flexionado. Y que mientras la zona de cocción puede ser ligeramente más baja, para mirar cómodamente dentro de las ollas, la zona de lavado debe ser más alta, para no doblar la espalda para poder llegar al fondo de la cubeta.
Si seguimos a rajatabla las leyes de la ergonomía en los centros de trabajo, ¿por qué no en nuestros hogares?
2. Una escasa iluminación
Disponer de una única luz central, especialmente en cocinas muy alargadas o con varios espacios (para cocinar, para comer, etc.), es un verdadero problema. No solo nos obliga a forzar la vista, sino que suele generar sombras muy molestas que impiden llevar a cabo un trabajo minucioso sobre la encimera.
Para evitar la fatiga visual y mental, es ideal contar con una iluminación central, cálida, que acompañemos de otra funcional basada en puntos de luz para zonas diferenciadas: tiras LED ocultas bajo los muebles altos que bañen la encimera con una temperatura de color neutra-cálida, una lámpara de techo más suave y regulable para la zona de comedor, un sistema de luz focalizada donde preparamos los alimentos, una encimera con sistema de luz integrada para el momento del cocinado, etc.
4. El caos visual: de las encimeras a las estanterías abiertas
La fatiga cognitiva es un hecho. El orden mental requiere, a menudo, de un orden visual que lo enmarque. El orden en la cocina puede significar, de hecho, la paz mental. Por eso, la cocina debe contar con el mobiliario adecuado y capaz de ofrecer esa sensación de orden, equilibrio y sosiego.

No hay nada peor para la fatiga visual que el desorden físico: una encimera atestada de cosas, una barra o mesa de comer donde tan siquiera se ve el mantel por acumulación de enseres y una estantería en la que todo parece tirado o colocado al azar.
De hecho, esta es la razón por la que las cocinas abiertas al salón apuestan por mobiliario totalmente cerrado. Incluso por muebles tipo mural, con grandes puertas sin tiradores visibles que se mimetizan con la pared.
Si no va a ser capaz de mantener baldas, estantes y encimeras despejadas, mejor esconder todo a la vista: cafetera, tostadora, botes, aceiteras, tablas de cortar, electrodomésticos…, para evitar la saturación mental y, con esta, el estrés visual.
5. La mala elección de los materiales, los herrajes y los acabados
Una cocina que cansa puede deber tal sensación a elementos sensoriales y visuales más allá del desorden.
Las cocinas donde todo suena: puertas y cajones que golpean al cerrarse por una elección de herrajes de baja calidad dan como resultado una cocina que cansa.
Superficies donde se nota cada huella o miga de pan: encimeras que parecen nunca estar limpias, suelos que se ensucian con solo mirarlos…, reman a favor de la fatiga psicológica.
Texturas excesivamente brillantes, el contraste extremo de colores…, resultarán mucho más cargantes que los acabados naturales y mate, capaces de absorber la luz.

Si bien es cierto que acabados como los lacados efecto gloss pueden estar recomendados para cocinas pequeñas y carentes de luz natural, siempre deberán combinarse de forma acertada, para que no acaben por suponer una amenaza visual, con otras superficies que absorban y difundan la luz de manera homogénea y natural, más relajante y equilibrada.
Y es que, los extremos siempre cansan, tanto el blanco puro y brillante como los colores excesivamente saturados o estridentes, que nos llevan a una sobreestimulación. De ahí la preferencia actual por blancos rotos o una paleta de color de neutros cálidos para reducir la fatiga visual y aumentar la sensación de armonía, pues son colores de baja reflectancia, especialmente indicados en cocinas muy expuestas al sol.
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