Decorar un hogar sin recargar no siempre resulta sencillo. Para muchas personas, encontrar el equilibrio perfecto es todo un arte. Porque para decorar sin recargar hay que saber encontrar el punto medio exacto entre la saturación y ese minimalismo tal que se vuelve impersonal. Para un diseñador de interiores, la decoración interior es tan importante como la distribución del espacio o del mobiliario dentro de este. Porque cada objeto debe tener un sentido dentro de la configuración.
Espacios interiores que respiran
En la moderación reside, a menudo, la clave. Porque los vacíos importan tanto como los silencios en una partitura. Si quieres que la melodía sea armoniosa, esta debe contar con espacios limpios. Por eso, en el diseño de interiores, los elementos decorativos deben equilibrarse y no pecar de exceso de protagonismo.
Es más, muchas personas expertas en decoración de interiores apuestan por la regla del 80/20: el 20 % del espacio debe quedar completamente libre, y el 80 % restante, mantener un equilibrio visual armónico. Dependiendo del estilo de decoración deseado, estos porcentajes pueden variar, aumentando incluso a un 50/50.
La clave de dar mayor protagonismo al vacío es que se confiere, al mismo tiempo, un mayor protagonismo a las piezas decorativas, ya sean muebles, cuadros o plantas… Es decir, se logra enmarcar el objeto en una especie de lienzo en blanco que aumenta el valor de la pieza principal, como ocurre en los museos con los grandes cuadros.

La clave está en la simetría
No saturar la vista tiene otras grandes ventajas en la decoración de espacios interiores. Por ejemplo, se logra una sensación de mayor libertad de movimiento a través de la estancia, de amplitud. Y no solo porque se cuenten con menos objetos que interrumpan el paso o resten metros cuadrados vacíos, sino porque la luz podrá campar a sus anchas por la estancia, sin interrupciones, sin sombras. Esta es una gran ventaja en pisos de interior, con poca entrada de luz natural o en viviendas situadas en zonas geográficas donde la luminosidad es muy codiciada.
Se trata de favorecer, por tanto, la circulación de la luz y de las personas dentro de la estancia. Algo, esto último, que también se logra a través de la simetría, pues aporta equilibrio y orden en cualquier estancia.
Espacios cálidos y con mucha personalidad
Decorar sin recargar no significa vestir un espacio frío, impersonal o donde la calidez brille por su ausencia. Todo lo contrario, consiste en decorar concediendo valor al vacío, priorizar la fluidez de paso y apostando por detalles visuales que digan mucho de ese hogar. Estos son tres consejos para lograrlo:
1. Estructura por niveles
Se trata de lograr el equilibrio de forma natural en toda la estancia evitando la acumulación de objetos en una sola zona. Para ello, debe lograrse el equilibrio perfecto a tres niveles:
En el suelo: a través de las mesas bajas, los sofás, las alfombras, etc.
A media altura: cómodas, estanterías, aparadores, mesas altas, sillas, etc.
En el techo: molduras, lámparas, etc.
La clave pasa así por no situar demasiados objetos en un nivel respecto a otro. Y dentro de un mismo nivel, en unas zonas sobre otras.
2. Agrupación minimalista
Uno de los errores más comunes al decorar es pensar que la dispersión de pequeños objetos por toda la casa aumenta la personalidad de la misma. Todo lo contrario, esta técnica tan solo aportan ruido visual. Por eso, es mejor agrupar dichos objetos.
Un buen ejemplo puede ser las composiciones a través de cuadros de diversas dimensiones o esas pequeñas mesitas supletorias que, colocadas en un rinconcito, atesoran pequeñas plantas, libros o fotografías. Si la distribución se lleva a cabo de manera orgánica, esta parecerá menos artificial, menos impostada. Se trata de crear pequeñas islas decorativas.

3. Coherencia en la paleta cromática
Mantener la coherencia en la paleta cromática o en el acabado de los materiales es fundamental para lograr el equilibrio perfecto, ese decorar sin saturar.
Utilizar tonos neutros y suaves, como el blanco roto, el beige…, en buena parte del espacio (por ejemplo, a través de las paredes, el mobiliario del salón o las estanterías, las cortinas, los sofás grandes) para dejar en los pequeños objetos las notas de color es una estrategia que nunca falla.
Respecto a los materiales y acabados, es mejor que no abunden, sino que se limiten a dos o tres a lo sumo. Y es que, el equilibrio visual no está en una gran variedad, pues resultará cargante; tampoco en que no exista ninguna, si no parecerá un espacio plano y aburrido. Lo mejor es obtener un contraste controlado.
De hecho, un error muy común es combinar varios tipos de maderas diferentes en el mismo espacio, pues compiten entre sí. Lo mejor es que el contraste sea evidente y que se cumpla la regla de: material dominante en un 60 %, por ejemplo, la madera; material secundario en un 30 %, por ejemplo, los acabados metálicos en mate, y material decorativo en un 10%, por ejemplo, a través de tejidos fibras naturales.

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